 ¿Hacia dónde caminamos? No hay devoción eficaz sin un espacio real. Esta es la paradoja de las peregrinaciones: es preciso que el cuerpo pese para que el alma se eleve. Necesitamos los pies para acercarnos al espíritu. Por eso en la era de la información, las imágenes y los transportes las gentes siguen peregrinando por los antiguos Caminos de Santiago y Kumano.
La peregrinación crea lazos de unión: une el lugar profano con el mundo superior; reúne a los caminantes en un momento excepcional de su existencia; une al peregrino con su doble, aquel que renacerá purificado por la promesa cumplida. La peregrinación difunde ideas y federa pueblos.
Una historia que no tuviese en cuenta el Kumano Kodo o el Camino de Santiago para explicar la unidad de las civilizaciones en las que se enmarcan sería absurda, porque le faltaría un medio importante de transmisión y comunicación, elementos esenciales que aporta la peregrinación.
|